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Enfermedad de las plantas

Enfermedad de las plantas


Descripción

Las plantas, como cualquier ser vivo, también pueden enfermarse. Las enfermedades de las plantas son condiciones patológicas, provocadas por diversos factores, que pueden llevar a la modificación de las condiciones fisiológicas normales de la planta, a un evidente sufrimiento en sus partes vegetales, a su marchitamiento y, por tanto, a la muerte. La enfermedad, en las plantas, puede ser causada por patógenos, es decir, portadores de infecciones y daños a los componentes vegetales de la planta, y por factores climáticos y ambientales (contaminación, métodos de cultivo incorrectos). Los principales patógenos para las plantas son los parásitos (insectos, moluscos, otras plantas y algunos gusanos), hongos, virus y bacterias. Todos estos agentes pueden dañar cualquier especie vegetal, desde ornamentales hasta agrícolas.


Enfermedad por factores climáticos y ambientales.

Los factores climáticos y ambientales también pueden enfermar a las plantas. Lo primero se puede evitar fácilmente cultivando plantas que se adapten a las temperaturas de la zona donde se ubica el huerto, campo o huerto. Por supuesto, existen factores impredecibles, como sequías y heladas, que no se pueden evitar fácilmente. De estos factores críticos podemos defendernos con plantas en maceta, para ser trasladadas a lugares que mantengan su temperatura ideal, o con cultivos en invernadero donde se crean microclimas artificiales que no tienen en cuenta las condiciones externas. Para las plantas que crecen al aire libre, tanto las de cultivo ecológico como los setos, céspedes, rosales, árboles y parterres, los factores climáticos y ambientales pueden ser determinantes para favorecer el sufrimiento de la planta y su vulnerabilidad al ataque de parásitos, bacterias o virus. La contaminación, por ejemplo, puede cambiar el color de las hojas provocando manchas oscuras que, en hortalizas cultivadas, son un indicio de productos de mala calidad.

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Enfermedad patógena

Las enfermedades de las plantas causadas por patógenos son abundantes. Algunas llevan el nombre del agente infeccioso, otras por la apariencia que adquiere la planta una vez infectada. Entre los parásitos capaces de provocar enfermedades en las plantas recordamos ácaros, cochinillas, pulgones, moscas blancas, cigarras rosas, anguilas (gusanos), minador de hojas, trips, chinches, la vid oziorinco., El lirio crio, la polilla de invierno y los caracoles. Las bacterias también pueden provocar enfermedades graves en las plantas. Entre las enfermedades bacterianas de las plantas más frecuentes recordamos la sarna de la adelfa y el olivo, la sequedad del geranio y la bacteriosis de la magnolia. Muchas infecciones bacterianas son causadas por Pseudomonas, un patógeno típico del reino vegetal. Las enfermedades virales de las plantas suelen ser secundarias a infecciones por plagas, como los pulgones. Los virus, de hecho, se inoculan a través de las piezas bucales del insecto parásito, creando una infección sistémica que afecta al parénquima de la planta. Las enfermedades fúngicas también son dañinas para las plantas, como el mildiú polvoroso, el mildiú ahumado, el mildiú velloso, el moho gris, el óxido, la enfermedad blanca, la helmintosporiosis y la ascoquia. La enfermedad de la planta también puede ser causada por otras plantas parásitas, es decir, especies sin raíces y sin hojas, que para sobrevivir amenazan a las plantas cultivadas, como el trébol, la alfalfa y la remolacha. Otras especies parásitas tienen hojas y raíces, pero las utilizan para penetrar en la planta huésped. Las víctimas de las plantas parásitas con hojas y raíces suelen ser legumbres. Nos defendemos de estas enfermedades con fungicidas, pesticidas, insecticidas o sistemas biológicos, como productos naturales y depredadores de agentes infecciosos, pero también con correctos sistemas de injerto, poda, riego y fertilización.


Enfermedad por error de cultivo

Las plantas también pueden enfermarse por errores de cultivo, como riego y fertilización demasiado escasos o abundantes, exposición incorrecta para las necesidades fisiológicas de la planta (luz o sombra excesiva); errores de injerto y poda. Estos errores se corrigen aprendiendo a conocer e interpretar las señales que envía la planta (rizado de las hojas, amarilleamiento, decoloración o quemado). El rizado indica daño radical, suelo demasiado seco y calor excesivo y se puede combatir con trasplante y exposición cambiante. El amarilleo, en cambio, indica un exceso de riego y falta de nitrógeno y luz y se resuelve potenciando la exposición solar, fertilizando más y regando menos. Las hojas marchitas son un signo de clorosis, a menudo causada por suelos demasiado calcáreos y una fertilización carente de hierro y magnesio, que se puede remediar suministrando a la planta las sustancias minerales faltantes. La quemadura solar aparece con hojas de color rojo, gris o marrón. En este caso, solo es necesario reducir la exposición solar de la planta.


Enfermedad de las plantas: tumores de plantas

Las plantas también pueden desarrollar tumores, pero a diferencia de los humanos, estas no son enfermedades primarias, sino la consecuencia de infecciones bacterianas y virales causadas a su vez por ataques de hongos y parásitos. Además, los tumores vegetales no dan lugar a metástasis porque las células tumorales de los mismos tienen una diseminación extracelular. Entre los tumores secundarios de las plantas recordamos el tumor bacteriano causado por Agrobacterium tumefaciens que daña las raíces y otras partes leñosas de la planta. La cáncer de plantas ataca tanto a las ornamentales como a las frutales. El tratamiento de esta enfermedad es principalmente de carácter preventivo, es decir, mediante la práctica de medidas culturales que ayuden a la planta a resistir la aparición del tumor. Para ello, se pueden utilizar fertilizantes ricos en fósforo y potasio. La bacteria responsable del tumor también se puede combatir con control biológico recurriendo al uso de una bacteria antagonista, Agrotacterium radiobacter K84.



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